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24 de abril de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. AMOR ETERNO



Julián y Rosa se conocen desde hace más de sesenta años. Y hoy es su aniversario. No de su boda, sino del día en que se vieron por primera vez. Cada año regresan al mismo lugar donde comenzó su historia, que no es la más bonita, ni la mejor, pero es la suya. La fuente les presentó. Ella estaba esperando a su hermana al salir del trabajo y él se apoyó en el borde para atarse los cordones del zapato. Cuando levantó la vista, se quedó mirándola. No porque fuese la más guapa del mundo, sino porque tenía una pluma de paloma en uno de sus rizos. Ella se dio cuenta y se puso como un tomate. Les entró la risa nerviosa y Julián le quitó delicadamente la pluma y se la guardó en el bolsillo, hasta hoy. Desde ese día, cada tarde coincidían ‘por casualidad’ en el mismo sitio y a la misma hora. Y así pasaron los meses. Y los años, muchos. Nunca se casaron. De hecho cada uno formó su propia familia. Pero nunca faltaban a su cita. Cuando se dieron cuenta, llevaban toda una vida juntos, compartiendo sólo unas horas en aquella fuente cada año. No se arrepienten, no se torturan pensando en cómo hubiesen sido sus vidas de otra forma. Ésta es su historia. No es la más bonita. Es la suya. 

5 de febrero de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. PUTA DE VIDA


Hay quien dice que somos fruto de todos nuestros desengaños. Que nuestro "yo" está condicionado por las cicatrices que tenemos durante toda la vida. Que somos ese beso rechazado, ese puesto de trabajo no conseguido, esa muerte de un ser querido. Que somos esa mirada esquivada. Greta era la fruta podrida del árbol retorcido que era la vida. Era vestigio de un tiempo mejor, de un mundo en el que no encontró posibilidades negadas o crisis que tacharan sueños y que la obligaban a ser sustituidos por otros más asequibles. Había nacido en mitad de dos épocas. Aquella en la que todo futuro era accesible y aquella en la que se tuvo que renunciar a una vida soñada para cambiarla por una modesta y acorde al tiempo que le tocó vivir. A Greta le gustaba ponerse su traje rojo y salir por las calles de Barcelona, aspirando cada aroma y recorriendo con la yema de sus dedos cada pared que encontrando, destrozando sus delicadas manos. Greta era la huella de pasos de otros sobre ella misma, era la sombra de edificios ajenos y los ecos de voces lejanas. Era, como tú, el títere de cientos de personas que han pasado por tu vida y que te han dejado sin voluntad. Era pelele del gobierno y puta de la vida. Como tú y yo.

12 de enero de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. YO, LOLITO


Ahora que no estás cierro los ojos e inmediatamente tengo el corazón en mi mano. Pero no está ahí, sigue latiendo profundamente en mi pecho, cada latido más profundo. A veces pienso que terminará por perforarme el cuerpo y me dejará un gran agujero. Soy víctima de mi propio tiempo. He vivido tan aceleradamente, que con 21 años he experimentado todo lo que mis padres terminaron de experimentar a los 33. Sexo, alcohol, drogas, un empleo decepcionante, el hospital, sueños, la vida, la muerte, el amor, el desamor y por último un falso te quiero. Desde que conocí a Lana no he vuelto a ser el mismo. No se qué me atrae de ella, si que tenga casi 20 años más que yo, que sepa moverse en la cama, su abultada cartera, o que pueda darme esos nuevos "primeros momentos" que hace tanto que no vivo. Me da la vida. Vida que a este paso acabará antes de los 30. Si no hay primeros momentos... ¿vivimos en un constante deja-vú? No quiero ser un prisionero del tiempo. No quiero repetir siempre lo mismo y que cada vez los chistes tengan menos gracia. A partir de aquí, todo serán malas repeticiones de momentos únicos. Quiero regresar a la Plaza Real, que me agarre y me funda en un beso tan fuerte que haga salir el Sol. Quiero consumir mi vida en ese beso.

19 de diciembre de 2013

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. 24H PARA TODA LA VIDA


Mi madre y mi padre se conocieron en una habitación de hotel. Despertaron entre sábanas blancas y con los párpados mojados de la lluvia que entraba por la ventana. No se conocían ni sabían qué habían hecho para acabar en esa habitación. Mi madre cogió los dedos de mi padre y le obligó a dibujarle los contornos de su cuerpo, la textura de sus labios y los hoyuelos de su sonrisa. Al instante se quedaron prendados el uno del otro. Estaban hechos el uno para el otro. A uno le gustaba la punta del pan y a la otra también. Mi padre prefería inspirar mientras mi madre sólo pensaba en expirar. Mi padre siempre prefirió pintar, y mi madre siempre fue musa de artistas. Uno prefería vivir bajo la Luna. Mi madre bailar bajo la estrellas. Durante las 24h que tenían reservada la habitación, cayeron en un romance tan fuerte que les sirvió para el resto de sus vidas. Se llenó el cupo de miradas de amor, de palabras hermosas, gestos dulces, besos rotos y risas sinceras. Toda una vida de amor junto a una persona, resumidas en una sola noche. Y al día siguiente se marcharon de esa habitación sabiendo que la despedida sería dulce, pues todo lo que era posible esperar del otro, fue dado esa misma noche.