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22 de mayo de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. EL ÚLTIMO TANGA EN PARÍS


Cecilia maldijo la hora en que hizo caso a su hija y se puso el único tanga que tenía en el cajón. Era una instrumento del demonio que se metía por la rabadilla como una tarjeta de crédito en plenas rebajas. Tantos días seguidos de lluvia no le habían dejado poner lavadoras, y cuando se dio cuenta sólo le quedaba limpio un tanga rojo que le habían regalado en Nochevieja para hacer el paripé. Llevaba todo el día retorciéndose como una almeja con limón, caminando al estilo ‘Chiquito’ intentando acomodarse sutilmente el tanga en su sitio. Estaba harta. Decidió que la mejor solución era hacer un Paris Hilton y dejar el gato al aire. Maullar, no maullaría. Y si una corriente de aire le levantaba la falda, sería el primer gato que mató la curiosidad.

26 de marzo de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. EL APAGÓN


Se escuchaba el jaleo desde las Ramblas. Eric se desvió un segundo de su rumbo, como el gato que se suicida curioso. Algo se estaba montando en la pequeña plaza que nunca calla. Esta noche estaba más bonita, se había puesto guapa la muy coqueta. Todas sus luces tenían un brillo distinto, como luz de velas. No se celebraba nada en particular, o todo a la vez. Alguien debió soplar las velas, y todo se quedó a oscuras. Eric sintió ese escalofrío de placer, como el instante justo en que te tocas con alguien por primera vez. La plaza le había engatusado para llevarle a sus rincones más oscuros y susurrarle guarradas. Se sintió violado y embrujado al mismo tiempo. Su respiración se aceleró, cerró los ojos y se dejó llevar. Caminó hacia la fuente cuando pensó que ya no podía resistirse, se estremeció y apretó su mano contra ella. Y ocurrió. Algo había sucedido entre sus vaqueros y aquella plaza, lo más íntimo que había vivido nunca, con nadie, ni siquiera con él mismo en las noches solitarias. Desde ese día decidió ir a pie a todas partes, por aquello de hacer ejercicio… claro.