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22 de octubre de 2015

HISTORIAS IRREALES EN LAS RAMBLAS. LOS ÚLTIMOS


No sabían que aquella sería su última tarde. No sabían que no volverían a ver a sus hijos ni a sus nietos. No sabían que no volverían a tener dolor lumbar ni artrosis. No sabían que el café que acababan de tomarse sería el último trago, como tampoco sabían que aquél sería su último solecito de invierno. No sabían que se montarían en el coche de vuelta a casa tras las compras navideñas y tampoco podían saber que aquel conductor venía de una comida de empresa, con mucho cava en el cuerpo y poca sesera en la cabeza. El conductor tampoco sabía que aquellas tres personas se le quedarían grabadas de por vida y que jamás lograría perdonarse haberles golpeado con tal fuerza que era casi imposible reconocerles. Nade sabía que las cosas pasan cuando pasan, cuando nunca te las esperas.

28 de febrero de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. LOS NOCTÁMBULOS


Manuel y Julián. Compañeros y barrenderos, y viceversa. Llevan más de quince años trabajando juntos por la noche, peinando las calles y recogiendo la porquería de cada borracho y de los que no lo son, también. Cuando amanece significa que ya han cumplido, y despiden la jornada con un cigarro y un café solo, sin azúcar. Pero esta noche era distinta. Julián estaba como ausente, y justo cuando estaban barriendo los pies de la fuente, se descubrió el pastel. Le confesó a su compañero que quería dejar el trabajo. Manuel se paró en seco, como si le hubiesen clavado un puñal. No eran muy habladores ya de por sí, por lo que ninguno supo muy bien qué decir. Siguieron barriendo y se llevaron la incomodidad del momento a cada punta de la plaza. Así pasaron horas, sin mirarse, sin cruzarse, como si hubiesen tenido una pelea de hermanos. Fue la noche más silenciosa de todas, y la más larga. Era una despedida, un divorcio, un antes y un después. Era la ruptura de una alianza que conseguía que hasta la calle más sucia se convirtiera en algo ameno.