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2 de abril de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. UN PRONÓSTICO LLUVIOSO


La lluvia. Ese fenómeno atmosférico que produce sensaciones totalmente contradictorias. Hay gente que se pone triste, otros aprovechan para estrenar su chubasquero más colorido y saltar en los charcos, hay algunos que se ponen románticos (como los besos de las pelis bajo la tormenta que nunca suceden en la vida real), y hay quien se encierra a cal y canto bajo el edredón en modo hibernación. A la plaza le sucedía lo mismo. Cada una de las losetas del suelo reaccionaba de una manera distinta ante los días nublados. Algunas se volvían fuertes y enérgicas, con un color gris llamativo. Otras se aclaraban como si perdieran toda su energía y quisieran ser invisibles, y algunas incluso veían el vaso medio lleno mientras se divertían con el agua que las inundaba. El resultado era un bonito collage de sensaciones, de colores y de texturas. Una forma poética de demostrar que eso mismo nos ocurre a las personas, y que sea como sea, la única verdad de la lluvia es que moja.

3 de marzo de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. LOLA, LOLITA, LOLA


Lola era una niña muy viva, revoltosa como ninguna. Tenía unos ojos grandes que lo decían todo, y un pelo rubio alborotado en el que siempre se podía ver enredada alguna hojita. No paraba quieta ni un segundo. Le gustaba subirse a los árboles, coger los bichos con la mano, mancharse la ropa jugando en la arena… era una exploradora sin duda. Pero lo que más le gustaba en este mundo era ponerse su chubasquero azul y sus botas a juego, para no dejar ni un charco intacto. Lola creció. Creció tanto que empezó a perder la memoria. Ya no recordaba cómo se subía a los troncos, ni dónde vivían los bichos, ni siquiera se acordaba de cómo comenzar una aventura. La piel se le había endurecido, su pelo estaba bajo el control del peine y el chubasquero azul se convirtió en una clásica gabardina color adulto. Pero cada vez que llovía, se acercaba curiosa a los charcos. Se asomaba con cuidado, despacito, como si fuera un abismo, o un profundo pozo, como si le diese miedo ver el reflejo de la Lola que se perdió en el camino.