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16 de mayo de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. CERDO IBÉRICO



Ángel es el prototipo de macho ibérico de pelo en pecho por excelencia. Una mezcla entre Torrente, Jesús Gil, el Fary y Curro Jiménez. No sale de casa sin su cordón de oro, su anillo en el dedo meñique y un palillo en el bolsillo de la chaqueta. Cuando sale de paseo, se pone al lado de las jovencitas en los sitios llenos de gente para intentar tocar algún culo entre la multitud. Siempre lleva gafas de sol para poder mirar fijamente los escotes sin que le griten ‘¡viejo verde!’. Todo un truhán, todo un señor. Jamás falta a su cita diaria en el puticlub al que lleva yendo desde que su padre lo invitó con dieciséis años para hacerse un hombre. O un putero, según se vea. Él es feliz siendo un infeliz, y con eso ya es bastante. Fútbol, ‘güisqui’, putas y la rumba catalana. Quién necesita más.

16 de abril de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. LA VENDIDA


Bárbara se fue de casa de sus padres cuando sólo tenía quince años. No es otra historia de madre alcohólica y padre drogadicto. Tenía una familia medio normal, como todas. Pero su espíritu rebelde le llevó a gozar de su libertad durmiendo en las calles y haciendo básicamente lo que le daba la gana. Sí, acabó trabajando a la vuelta de cada esquina, y como buena puta, se hizo una amplia clientela de policías con turno de noche. Era la protegida de la plaza, pero también se convirtió en la mayor chivata de toda la manzana a cambio de buenas propinas. Por cada camello, ladrón o vendedor ilegal que acababan en el calabozo gracias a ella, Bárbara se llevaba una buena comisión. Así fue como hizo unos grandes enemigos, de los de toda la vida y para siempre. Hasta que una mañana se la encontraron muerta junto a la basura, sin ropa, sin vida, sin habla, con una trozo de cartón que tenía mal escrito: ‘Cayadita estoy más mona’.

18 de marzo de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. LAS PALOMAS Y LAS PUTAS


Piiiiitas Piitas Pitas. Piiiiitas Piitas Pitas. Lo que no sabían los pobres ignorantes de aquella fuente que les lanzaban migas de pan era que esas criaturas con alas y con pinta de taradas eran los verdaderos vigías de la plaza. Eran los centinelas mejor camuflados que han existido nunca, tan antiguos como la profesión que muchas de esas ventanas escondían. Las putas y las palomas, un clásico de cualquier lugar donde se haga de noche. Pero las putas suben y bajan, entran y salen… son cuerpos que viven del movimiento. En algún momento la plaza se queda vacía y duerme invisible, sin putas, ni borrachos, ni turistas… pero realmente nunca está sola. Siempre quedan… algunas migas de pan.

6 de febrero de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. PUTA DE ULTRALUJO


Pocas personas sabían de la existencia del lupanar que había en Plaza Real. Precisamente no por ser reciente; de hecho era en 3º prostíbulo más antiguo de toda Barcelona. Hombres importantes, hombres de fortuna y reconocimiento internacional entraban ante esas altas puertas, a habitaciones de techos altos como sus propios egos, y durante una maravillosa hora y media, salían de ahí pudiendo tocar de nuevo la tierra con los pies. No era fácil descubrir cual de todas las ventanas llevaba al codiciado prostíbulo. Claro que igualmente, no todos podían permitírselo por sus altos precios. Si el cliente quería llorar locamente en el regazo de una mujer para que ésta le consolara, serían 1.000 euros. Si por el contrario, uno deseaba desvestir a la mujer e intercambiarse la ropa así como sus roles, 2.560 euros. Las camas apenas se usaban para echar siestas bajo la compañía de una mujer, siempre respetándola y sin degradar su condición femenina. A excepción del sexo, el cliente podía ordenar cualquier directriz y ésta sería cumplida. Y es que dentro del precio se incluía el silencio, ese bien intangible tan poderoso, tan asfixiante, tan delicado y fútil. Los hombres que acudían compraban silencio, excitante y morboso silencio, silencio que puede dejar de ser silencio y arruinar sus vidas. Silencio con el que se autocomplacían todas las noches pensando en el. Y es que el silencio es el grito más poderoso.

5 de febrero de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. PUTA DE VIDA


Hay quien dice que somos fruto de todos nuestros desengaños. Que nuestro "yo" está condicionado por las cicatrices que tenemos durante toda la vida. Que somos ese beso rechazado, ese puesto de trabajo no conseguido, esa muerte de un ser querido. Que somos esa mirada esquivada. Greta era la fruta podrida del árbol retorcido que era la vida. Era vestigio de un tiempo mejor, de un mundo en el que no encontró posibilidades negadas o crisis que tacharan sueños y que la obligaban a ser sustituidos por otros más asequibles. Había nacido en mitad de dos épocas. Aquella en la que todo futuro era accesible y aquella en la que se tuvo que renunciar a una vida soñada para cambiarla por una modesta y acorde al tiempo que le tocó vivir. A Greta le gustaba ponerse su traje rojo y salir por las calles de Barcelona, aspirando cada aroma y recorriendo con la yema de sus dedos cada pared que encontrando, destrozando sus delicadas manos. Greta era la huella de pasos de otros sobre ella misma, era la sombra de edificios ajenos y los ecos de voces lejanas. Era, como tú, el títere de cientos de personas que han pasado por tu vida y que te han dejado sin voluntad. Era pelele del gobierno y puta de la vida. Como tú y yo.