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11 de abril de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. MALDITO SELFIE


De los creadores de ‘Más solo que la una’, ‘Primerísimo Primer Plano’ y ‘Me gusta verte los poros’, les presentamos El Selfie. Esa nueva forma de llamarle a hacerse una autofoto y que por mucho que uno lo intente, es imposible esconder el brazo que sujeta el móvil para hacerla. No es fácil que salga una bonita foto con esta técnica y que las caras no parezcan peces globo. Es por ello que los valientes que lo prueban, tienen que hacer diez intentos (siendo optimistas) para que salga una foto medio decente. Es muy habitual ver a parejas o a grupos de amigas que permanecen en la misma posición como estatuas de sal deseando que salga bien la maldita toma de una vez y poder subirla inmediatamente a Facebook. Lo mejor de todo es que, si te acercas y te ofreces para hacerles la foto, ¡no quieren! Porque parte de la experiencia selfie implica esa tortura innecesaria de contractura facial. Así que tengan siempre una tarjeta de memoria a mano, porque una simple foto de perfil puede fundirles el almacenamiento del móvil.

3 de marzo de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. LOLA, LOLITA, LOLA


Lola era una niña muy viva, revoltosa como ninguna. Tenía unos ojos grandes que lo decían todo, y un pelo rubio alborotado en el que siempre se podía ver enredada alguna hojita. No paraba quieta ni un segundo. Le gustaba subirse a los árboles, coger los bichos con la mano, mancharse la ropa jugando en la arena… era una exploradora sin duda. Pero lo que más le gustaba en este mundo era ponerse su chubasquero azul y sus botas a juego, para no dejar ni un charco intacto. Lola creció. Creció tanto que empezó a perder la memoria. Ya no recordaba cómo se subía a los troncos, ni dónde vivían los bichos, ni siquiera se acordaba de cómo comenzar una aventura. La piel se le había endurecido, su pelo estaba bajo el control del peine y el chubasquero azul se convirtió en una clásica gabardina color adulto. Pero cada vez que llovía, se acercaba curiosa a los charcos. Se asomaba con cuidado, despacito, como si fuera un abismo, o un profundo pozo, como si le diese miedo ver el reflejo de la Lola que se perdió en el camino.

2 de enero de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. CRISTINA, ANA, O QUIEN SEA YO


Cristina vivió la infancia más feliz que cualquier muchacha pudiera desear. Unos padres excepcionales, un hermano pequeño con el que compartir culpas, amigos con los que vivir inocentes aventuras, vacaciones en familia y algún amor de verano en la costa brava. Corrió la mala suerte de cruzarse en el camino de una deprimida embaucadora sibilina una nublosa tarde de domingo, habiéndola condenado de por vida. Ya se sabe, la envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come. Y Cristina destilaba felicidad por cada poro de su piel. Sus ojos, hasta ahora testigos de una buena vida, quedaron petrificados a voluntad propia. Después del encontronazo, lloró por la muerte de un familiar cercano sorprendiéndose a cada lágrima de que no era para tanto, progresivamente dándose cuenta de que no lo conocía para tanto y finalmente acabó por reírse de sí misma diciendo que no conocía a ese abuelo del que todo el mundo le hablaba. Con el tiempo, y con una memoria propia de un avanzado paciente de alzheimer, se dio cuenta de lo absurdo en lo que se habían convertido sus ojos; que con cada lágrima, un recuerdo huía de su mente. Sin querer llorar y gritando en su defecto, rió y rió hasta rozar la locura y pensó... que llegaría el momento en el que lloraría hasta perder la memoria.