Con 17 años comenzó una vuelta al mundo que supuestamente duraría 80 días, y que después de 35 años aún no había terminado. Nunca pensó que aquella aventura preuniversitaria acabaría siendo su forma de vida, su filosofía nómada y la experiencia más increíble jamás contada que no habría tenido de otra forma o en caso de haber vuelto. La misma mochila y la misma camiseta que le había dejado su hermano mayor, en paz descanse, seguían siendo las dos únicas cosas que le recordaban su pasado. Siempre supo que no volvería, pero nunca pensó lo feliz que sería no haciéndolo.
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5 de noviembre de 2015
HISTORIAS IRREALES EN LAS RAMBLAS. 80 DÍAS Y 35 AÑOS
Con 17 años comenzó una vuelta al mundo que supuestamente duraría 80 días, y que después de 35 años aún no había terminado. Nunca pensó que aquella aventura preuniversitaria acabaría siendo su forma de vida, su filosofía nómada y la experiencia más increíble jamás contada que no habría tenido de otra forma o en caso de haber vuelto. La misma mochila y la misma camiseta que le había dejado su hermano mayor, en paz descanse, seguían siendo las dos únicas cosas que le recordaban su pasado. Siempre supo que no volvería, pero nunca pensó lo feliz que sería no haciéndolo.
3 de marzo de 2014
HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. LOLA, LOLITA, LOLA
Lola era una niña muy viva, revoltosa como ninguna. Tenía unos ojos grandes que lo decían todo, y un pelo rubio alborotado en el que siempre se podía ver enredada alguna hojita. No paraba quieta ni un segundo. Le gustaba subirse a los árboles, coger los bichos con la mano, mancharse la ropa jugando en la arena… era una exploradora sin duda. Pero lo que más le gustaba en este mundo era ponerse su chubasquero azul y sus botas a juego, para no dejar ni un charco intacto. Lola creció. Creció tanto que empezó a perder la memoria. Ya no recordaba cómo se subía a los troncos, ni dónde vivían los bichos, ni siquiera se acordaba de cómo comenzar una aventura. La piel se le había endurecido, su pelo estaba bajo el control del peine y el chubasquero azul se convirtió en una clásica gabardina color adulto. Pero cada vez que llovía, se acercaba curiosa a los charcos. Se asomaba con cuidado, despacito, como si fuera un abismo, o un profundo pozo, como si le diese miedo ver el reflejo de la Lola que se perdió en el camino.
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