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6 de junio de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. LUTO DE COLOR DE ROSA


Al final decidió ir. Era la primera vez que Gloria viajaba sola. Y aunque ocultaba su luto con camisetas rosas, las noches se le hacían muy largas en un colchón demasiado grande. En algún momento debía acostumbrarse a hacer las cosas sin su compañero de vida, y Barcelona fue el principio de una terapia que no acabaría nunca. Era un tour de recién casados. Ironías de la vida. Pero en vez de regodearse en su pena, pensó en todo lo bonito que les quedaba por vivir a aquellos novatos. Se acordaba de la misma cara de bobalicones que tenían ella y su marido en su viaje de novios. Y también pensó en que muchos de ellos vivirían una segunda luna de miel con otras personas. Porque la vida no es como antes. Y los amores tampoco.

19 de marzo de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. LOS DÍAS RAROS


Esos días de luto involuntario. Cuando la gente se tiñe de negro, las terrazas saludan a media asta y las palmeras se vuelven ciprés. Son los días grises de la plaza, los aguafiestas, los impertinentes, los de la censura. Aparecen sin avisar, cuando uno está más contento o cuando hay algo que celebrar. Y entonces todo se va a la mierda. Se desempolvan las mantas y se instaura el toque de queda. Todo rebosa tristeza, incluso la fuente, que se ha puesto a llorar como una tonta dejándolo todo perdido. Son los días grises, los temidos, los odiados, los que matan.

5 de noviembre de 2013

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. EL LUTO


Fue el luto más importante que se pudo haber guardado. Un luto que nos cambiaría a todos, pero que no cambió nada. Tratamos de convencer al Sol de que se apagara durante un día completo. Al oír nuestra historia, lo hizo sin apenas rebatirnos nada. Por ende, la Luna se quedó sin luz de Sol que reflejar, y calló con nosotros. Las estrellas se solidarizaron con la causa, y desaparecieron. La noche se volvió oscura, a juego con nuestros corazones. Durante esas 24 horas, no ocurrió ni un solo robo. El mar apenas se movió. Nadie soltó ni una sola palabra. Ningún beso fue dado. Simplemente callamos. Al día siguiente, cuando volvió a salir la luz, todos nos sentíamos grises, apagados. Queríamos vivir en la oscuridad y desde entonces no volvimos a sentir la luz o el calor en nuestra piel. El último ser humano moriría aquella misma noche.