Su piel era color rosa, pero rosa chicle azucarado. Había sido siempre el pobre Pinky Winky en el cole, como le llamaban los cabrones de sus compañeros, porque los niños cuando quieren son muy pero que muy cabrones. Durante mucho tiempo se maquillaba para intentar disimularlo, pero las chicas de las tiendas de potingues se volvían locas porque no sabían cómo tapar aquel tono rosado de cerdito campestre. Al final el pobre salía de la tienda con una cara de travesti infumable. Y encima seguía estando rosa pero con una sombrilla de ojos color nácar. No le quedó más remedio que aceptarlo y fundar el partido de Rosados Indignados, que se aliaría con el de los albinos de su barrio para presionar por los derechos de la gente con pieles sensibles. Pinky Winky For President.
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14 de octubre de 2015
HISTORIAS IRREALES EN LAS RAMBLAS. PINKY WINKY
Su piel era color rosa, pero rosa chicle azucarado. Había sido siempre el pobre Pinky Winky en el cole, como le llamaban los cabrones de sus compañeros, porque los niños cuando quieren son muy pero que muy cabrones. Durante mucho tiempo se maquillaba para intentar disimularlo, pero las chicas de las tiendas de potingues se volvían locas porque no sabían cómo tapar aquel tono rosado de cerdito campestre. Al final el pobre salía de la tienda con una cara de travesti infumable. Y encima seguía estando rosa pero con una sombrilla de ojos color nácar. No le quedó más remedio que aceptarlo y fundar el partido de Rosados Indignados, que se aliaría con el de los albinos de su barrio para presionar por los derechos de la gente con pieles sensibles. Pinky Winky For President.
16 de diciembre de 2013
HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. DE CÓMO LA SOMBRA LLEGÓ A MI VIDA
Mi sombra llegó a mi vida como el invierno. Sin quererlo, sin añorarlo, y sin necesidad. Nunca había tenido la necesidad de tener sombra. ¿Cuál era el sentido de tenerla? ¿Acaso servía de algo? Una burda réplica de mi propio cuerpo con el que nunca me sentí cómodo. Un recordatorio constante de mi propia existencia ¿Cual era la necesidad de desear algo como esto? Se sentó en el asiento enfrente mío del autobús. Ahí estaba. Alta, flaca, mal pintada. Como si se hubiera maquillado a oscuras o se hubiera caído de bruces contra su estuche de pinturas. Sombra de ojos azules, labios corridos rojos. Como si una orgía de colores hubiera llegado al culmen en su cara. Sus manos temblando agarrando un móvil y llamando sin cesar a su buzón de voz. Reí por dentro y lo notó. Sentí su tristeza expirando por cada uno de sus poros. Color gris. Me acerqué y le ofrecí una chocolatina, la cual aceptó sin decir nada. Era perfecta. Fue a partir de entonces cuando mi sombra empezó a perseguirme a todas partes. Yo sin preguntar, ella sin contestar.
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