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6 de abril de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. LA CHICA INVISIBLE


El friki dilema. Si pudieras elegir un súper poder… ¿cuál sería? ¡LA INVISIBILIDAD SIN DUDA! Creo que es el más poderoso de todos. Y lo mismo debió pensar Laia, que lo aceptó con todas sus consecuencias cuando un representante de Marvel llamó a su puerta. Era una nueva captación de socios a puerta fría, que reclutaban a frikis de todo el mundo para probar un súper poder durante una semana, a cambio de suscribirse a su publicación. La condición era una total confidencialidad y no se responsabilizaban de si era descubierta por alguien. Laia ni se lo pensó, y salió a la calle para practicar. Pero sucedió lo inevitable, así más que invisible, era intermitente, y su novata torpeza le hacía aparecer y desaparecer como un holograma esquizofrénico. Toda la plaza sacó sus móviles y Laia se convirtió en trending topic en un segundo. En Sálvame le ofrecieron su peso en oro por confesarlo todo, y aceptó. Al día siguiente, recibió miles de amenazas de muerte en forma de cómic y tuvo que huir del país, pero eso sí, camuflada con peluca y gafas extra grandes, que eso nunca falla.

12 de diciembre de 2013

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. OXIMORON INVISIBLE


No era culpa del cambio climático. No era culpa de la subida del nivel del mar, ni de la cada vez más creciente aproximación de la tierra a la luna. Hacía 5 años que el ser humano se había vuelto invisible. La gente seguía haciendo su vida normal. Salían a trabajar, se iban de vacaciones, veían en la televisión reposiciones de tiempos más opacos. La vida se reducía a un oxímoron constante. Estar y no estar. Instante eterno. Debían asustar a los animales salvajes que, inconscientes, se acercaban a la ciudad pensando que las habían recuperado. El ordenador era una buena manera de comunicarse entre unos y otros, pero resultaba agotador y exasperante al cabo de un rato. Solían reunirse alrededor de la fuente de la Plaza Real para reconocer quien era el que estaba a su lado, a quien habían sentido rozarles, a volver a ver a sus familias, o incluso de quien se habían enamorado. Durante años, la cola para verse reflejados en el agua rodeaba toda Barcelona y era casi una aventura llegar a ella. Hasta que un día tan aleatorio como cualquiera, el reflejo dejó de funcionar y no mostraba más que el frío cielo. Solo quedaba vivir de los recuerdos.