8 de Junio. 11:18 p.m.
Ni era rubia ni se oxigenaba el pelo. Más bien era morena-oscura-casicarbón con una melena densa como la de El Puma. Su mal escogido mote se lo había ganado por la cantidad de pendientes, pulseras, colgantes de Camarón de la Isla y trillones de alianzas de oro que había ido robando a los gitanos del Raval y que paseaba en un carrito más viejo que la carreta para disimular. Ella ni era gitana ni ná, pero le gustaba el oro más que si se apellidara Montoya.