
Este año no seremos profesores en la universidad.
El Plan Bolonia mezclado con la crisis parece que ha sido la excusa perfecta para hacer una enorme limpieza de profesores asociados en la UPF.
En tres años dentro de la estrutura de la universidad nunca llegamos a entrar en su dinámica ni a comprender bien su funcionamiento. Lo nuestro ha sido compartir experiencia con los chicos y poco más, aunque la rigidez de la universidad nos haya obligado a poner fechas a exámenes que nunca hicimos y a crear un programa en catalán con bibliografia incluida.
Desconocemos la profundidad del nuevo modelo de universidad que propone "lo de Bolonia", pero suena mal. Menos duración de la carrera que obligará a los chicos a complementar su formación con carísimos y casi siempre inútiles másters.
Parece que ahora más que nunca tiene sentido el consejo que muchas veces hemos dejado caer en clase: "dejad la universidad y perseguid lo que realmente os apasione, montad vuestro propio proyecto o salid a aprender inglés mientras vivís la vida, que es la gran escuela".
Para sacarse un título en la universidad siempre hay tiempo. Nosotros, para contentar a nuestras mamás, acabamos la carrera con 30 años, y lo ilustra mucho mejor Steve Jobs en su famoso discurso en Standford, discurso que casi todos los alumnos conocen pero que muy pocos se aplican.
Para nosotros es una lástima. Le habíamos cogido cariño a la universidad pública y a nuestros queridos empollones de la UPF (los chicos y chicas de nuestras clases de Dirección de Arte tienen una nota media de 9 y unas enormes ganas de hacer cosas).
Llevamos tiempo pensando en nuevas formas de compartir nuestra experiencia con los que empiezan, visto que los modelos que conocemos nos parecen pobres. Y decimos nuevas formas aunque quizás haya que pensar en recuperar las formás clásicas, la Academia griega con clases al estilo de las Hipatia en el Ágora de Amenábar (por cierto, otro rebotado de nuestra misma facultad).
Al final la enseñanza, especialmente la de las ciencias sociales, debería ir de profesores que inspiran con experiencias y alumnos con hambre de aprender. El resto, decanatos, departamentos e incluso los títulos, deberían estar en segundo orden.
Por cierto: el ingrediente básico de la salsa boloñesa es la carne picada. Esperamos que la receta no sea premonitoria.
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