4 de junio de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. DESPIDO DE VIDA IMPROCEDENTE


Era el primer día del resto de una vida inesperadamente tranquila. Pedro había trabajado en la misma empresa durante casi treinta años. Había sido su vida, su entrega, su único cometido. Porque lo de ser marido y padre, venía en el paquete de su juventud. Una mañana le dejaron sobre su mesa un sobre con una carta escrita a ordenador con una firma electrónica. Nunca temió a que lo echaran, ya que además de buen trabajador, era muy sensato. Los empleados de toda la vida se estaban quedando obsoletos y se hacían simplemente viejos. Lo que nunca imaginó es que una carta escrita en Times New Roman pudiera decepcionarle tanto, ya que llevaba escribiendo con esa tipografía desde que le obligaron a abandonar su máquina de escribir. No pidió explicaciones. Después de aquello, prefería ni escucharlas. Se sentó en la plaza a imaginar cómo sería el resto de su vida, y a pesar del miedo que había tenido siempre a ser otro jubilado más pasando sus últimos días mirando obras, sintió que había llegado el momento de dedicarse al otro trabajo que tenía tan descuidado. Ser marido y más o menos buen padre. Y entonces fue cuando le entró el verdadero miedo de que ya fuera demasiado tarde.

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