7 de abril de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. PIM, PAM, TACATÁN


Cuando haces un viaje, corres algunos riesgos. Coger algún virus con la comida, que te roben la cartera, que te pierdan las maletas, que te convenzan para subirte en el bus turístico… lo normal, vamos. Pero lo que nunca imaginó Karen es que el peligro le aguardaba en un tablao flamenco. En medio del espectáculo, su pie derecho comenzó a taconear incontroladamente. Un zapateo que ni el mismísimo Joaquín Cortés sería capaz de hacer. Pensó que era por el cansancio de la caminata de todo el día, pero su pie no paraba. Así pasó la noche y los cuatro días siguientes de su viaje. En urgencias no supieron darle un diagnóstico, y su paciencia se agotó. En un momento de locura, cuando ya llevaba tres noches sin dormir, pensó cortarse el pie con el cuchillo de la mantequilla del hotel. Pero la cordura le frenó y decidió esperar para hablar con su médico. En el control de acceso del aeropuerto, los agentes la cachearon a fondo por sus sospechosos espasmos. Y justo cuando pasó el escáner… milagro. Su agotado pie se fue relajando poco a poco. Nunca descubrió la causa de su extraña destreza. ¿Sería la sangría? ¿Una tapita de jamón adulterado? ¿Una reacción ante el almidón de la camiseta I LOVE BARCELONA? A lo mejor fue el espíritu de La Faraona, que todavía está buscando su pendiente de oro.

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