11 de noviembre de 2015

HISTORIAS IRREALES EN LAS RAMBLAS. VEO VEO


Ramón se había hecho el ciego desde pequeño. A los 4 años le explotó un petardo en los ojos y desde entonces su familia le dejó hacer lo que le diera la gana, así que decidió extender el cuento hasta el infinito y más allá. Conseguía colarse en todas partes, asiento seguro en el metro y en el autobús, le llevaban la compra a casa… un chollo. Y como su familia le seguía manteniendo, se pasaba las tardes en el bingo gastándose la paguita. La gente no entendía cómo un ciego podía cantar bingo sin ver los números, pero preferían considerarlo un milagro antes que cuestionar su discapacidad. De visión iba sobrado desde luego, y de caradurismo ya ni hablemos.

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