29 de octubre de 2015

HISTORIAS IRREALES EN LAS RAMBLAS. SÍNDROME BUSTAMANTE


Su padre era médico. Su madre juez (o jueza, que ya toca). Y él quería ser pintor, pero de brocha gorda. Después de tantos colegios de pago, erasmus, másters varios, y resulta que ahora el niño quería pintar fachadas. Les parecía muy bien que hubiese encontrado su vocación encima de un andamio, pero ya podía haberlo averiguado unos añitos atrás y se hubiesen ahorrado hipotecar la casa, vender el yate, despedir al mayordomo y vender las pelucas de pelo natural de la abuela. Eso sí, pintor de brocha gorda pero las vacaciones en la casa de Mallorca no se las quitaba nadie. Recién pintadita por cierto.

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