22 de octubre de 2015

HISTORIAS IRREALES EN LAS RAMBLAS. LOS ÚLTIMOS


No sabían que aquella sería su última tarde. No sabían que no volverían a ver a sus hijos ni a sus nietos. No sabían que no volverían a tener dolor lumbar ni artrosis. No sabían que el café que acababan de tomarse sería el último trago, como tampoco sabían que aquél sería su último solecito de invierno. No sabían que se montarían en el coche de vuelta a casa tras las compras navideñas y tampoco podían saber que aquel conductor venía de una comida de empresa, con mucho cava en el cuerpo y poca sesera en la cabeza. El conductor tampoco sabía que aquellas tres personas se le quedarían grabadas de por vida y que jamás lograría perdonarse haberles golpeado con tal fuerza que era casi imposible reconocerles. Nade sabía que las cosas pasan cuando pasan, cuando nunca te las esperas.

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