12 de junio de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. MI PRIMERA COMUNIÓN


La ilusión interrumpida de Julián siempre fue hacer la primera comunión. Sus padres no quisieron decidir por él, pero tampoco le dejaban hacerla antes de los dieciocho. Pensaban que quería hacerla por los regalos, cuando lo único que le interesaba realmente era vestirse de marinerito y hacerse la foto con las manitas rezando. Entre eso, y su especial obsesión por las muñecas de porcelana, no dejaba duda de que su infancia sería cuanto menos ‘complicada’. Y llegó la mayoría de edad. Se llevaba preparando para ese día toda su vida, como una novia en su boda. A sus padres no les quedó más remedio que cumplir su promesa, y Julián tuvo su foto rezando. Pero vestido de blanco, porque los únicos trajes de marinero de su talla se utilizaban en las carrozas del día del Orgullo, y no precisamente para rezar.

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