22 de abril de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. PIDE UN DESEO


Cada mañana, Claudia paseaba por su plaza favorita durante la hora del recreo. Siempre iba acompañada por un cuidador del centro donde llevaba interna más de cuatro años por intentar matar a su hermana. Sus padres nunca volvieron a visitarla, a pesar de que los psiquiatras les decían que estaba bastante recuperada. Era muy tranquila, hablaba muy poco y tenía una voz muy dulce. Su única preocupación era visitar la fuente cada mañana para agitar el agua y evitar que se estancara. Si llovía, lloraba desconsoladamente porque pensaba que la fuente se desbordaría. Soñaba con el día en que pudiera salir del centro, convencer a los médicos de que estaba ‘cuerda’ y ser libre para pasarse las horas acariciando su reflejo. Al fin y al cabo, ella nunca admitió estar loca, sólo un poco irritada. Siempre pensó que los verdaderos locos están sueltos por la calle haciéndose los normales, y es que ¿no están más tarados los que lanzan monedas al agua pidiendo deseos?



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