14 de abril de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. CUÉNTAME CÓMO PASÓ


Ciento catorce, ciento quince, ciento dieciséis… Hay gente que tiene la obsesión de contarlo todo. Cuentan los azulejos de un baño, las ventanas de un edificio, las matrículas de un parking… cuentan hasta las mentiras que algunos son capaces de inventar. Los contadores compulsivos siempre eligen sitios con muchos estímulos, con mucho movimiento, que les suponga un auténtico reto. Las plazas concurridas son sus lugares favoritos, claro, donde hay cientos de cordones de zapatos, miles de dedos, y otros tantos montones de pelos en el bigote. Lo peor que puede pasarle a estos trastornados es perder la cuenta, hasta el punto de cometer un homicidio por enajenación mental. Así que aléjate de las personas solitarias que se sientan en las terrazas de la plaza y que parecen concentradas mientras mueven los labios en silencio, porque si inocentemente logras interrumpirles con preguntas tan ridículas como ‘¿Tiene hora?’, podrías ser su último número.

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