10 de abril de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. AMOR DE PADRE


Joan tenía una hija en plena edad del pavo. Un pavo tan grande que podían comérselo en Navidad. La niña apenas salía de su habitación y no tenía ninguna comunicación con su padre. Lo único que se escuchaba era el reggaetón a todo volumen que retumbaba tras su puerta. Había una canción en particular, que decía algo de ‘manos arriba’, que a Joan le producía especial urticaria. No entendía cómo su propia hija podía ponerla en modo bucle hasta que le taladrara el cerebro. Se le pasará con la edad… pensaba el pobre infeliz. Siempre intentaba algún acercamiento para conectar con su hija, pero a veces pensaba que se habían alejado demasiado, y ella le respondía con la misma indiferencia. Un día, paseando por la ciudad, se pararon en una plaza antes de volver a casa. El móvil de la niña empezó a sonar, con la dichosa canción que Joan tanto odiaba. Se levantó y decidió probar un último intento para acercarse a su hija. Empezó a cantar y a bailar haciendo el payaso mientras la música seguía sonando. No tenía nada que perder, y aunque lo más seguro es que la niña se avergonzara y se enfadara, por lo menos lo habría intentado. La hija se puso roja como un tomate, y justo cuando parecía que le iba a pegar un grito furiosa, le empezó a dar un ataque de risa. Duró sólo unos minutos muy breves, y luego todo volvió a la normalidad. Pero hacía tanto tiempo que no veía reír a su hija, que cada segundo valió la pena.

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