12 de marzo de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. THE NAKED MAN


Un equipo de fútbol no es nadie sin su afición. Fieles seguidores que los apoyan pase lo que pase, que sufren con cada gol fallado, que lloran amargamente con la derrota, que lloran de alegría cuando se lo merecen. Son los que cogen un avión durante horas para cruzarse el mundo y acompañar a sus jugadores donde haga falta. Y tanto amor es lo que trajo a los del Chelsea hasta la pequeña plaza, con sus respectivas bufandas azules y sus toneladas de cerveza. De pronto, se pusieron todos a cantar el himno, más borrachos que serenos, y las paredes retumbaban de tal manera que parecía que les habíamos quitado Gibraltar. Un espontáneo se vino arriba, se quitó la ropa y echó a correr. Todo su hermoso sobrepeso rebotaba en cámara lenta como si fuera gelatina, mientras todos sus ‘encantos’ se agitaban haciendo el elefante. En medio del partido, el mismo exhibicionista saltó al campo pintado de azul, por lo que parecía un pitufo cachondo en busca de algún árbitro. La verdad es que el resultado fue lo de menos, porque está claro que esta gente acabaría celebrándolo de todas formas. Eso sí, a su manera.

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