19 de febrero de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. SE BUSCA CUERPO


Era una tarde como cualquier otra, o eso pensaban los pobres incrédulos. Todo parecía normal, las palmeras hacían lo de siempre (es decir, nada), las terrazas empezaban a llenarse de los mismos guiris que acabarían igual de borrachos, la fuente no se había movido (y si lo había hecho, había vuelto a su postura inicial), y las sombras... ¡eso era! Algo pasaba con ellas. El primero en darse cuenta fue un francés, que vio cómo su sombra comenzaba a bailar La Macarena sin sentido alguno. Hizo algunos aspavientos por si conseguía controlarla de nuevo, pero no había manera. Entonces todas las demás comenzaron a moverse libremente, algunas parecían bailar el hula hoop, otras caminaban por las paredes, unas pocas se tiraban de los pelos en pleno ataque de histeria y otras decidieron sentarse y observar el espectáculo chinesco. ¡Eran libres! ¡LIBRES! Ya no eran esclavas, ni tenían que pasar desapercibidas ante las pisadas de la gente. Pero en medio de aquella euforia anárquica comenzaron a pegarse unas a otras, se escupían desquiciadas, se ahorcaban y se aniquilaban. Su propia libertad iba a ser su destrucción. Su condición y su naturaleza era obedecer a los cuerpos que las custodiaban, y sin ellos no podían ser sombras, ni serían nada. Las pocas supervivientes escaparon como pavos sin cabeza pudiendo salvar lo poco que quedaba de ellas. Y aunque nunca se supo nada más de su paradero, hay quien afirma haberlas visto vagar por la plaza entre las farolas, intentando encontrar su cuerpo.

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