3 de febrero de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. LA JUNGLA BOHEMIA


Mi gato maulla. Me despierto. Puto gato. Sabe que una vez abro los ojos no los vuelvo a cerrar hasta que se hace de noche. Hasta me cuesta hacerlo para pestañear. Un bostezo. Unas zapatillas de estar por casa acolchadas. Una cerveza y un cigarrillo para desayunar. Me visto con lo primero que encuentro. Pausa existencial. Bajo a la calle y me doy cuenta de que hoy es mi orla. Fin del camino. Fin de la juventud. Fin de los errores excusables. ¿Fin de la auténtica vida? Me angustio. Estoy en una Plaza que es una trampa mortal. Y noto que las paredes se hacen más cercanas las unas entre las otras y en poco tiempo me van a aplastar, como sacado de una película de Indiana Jones. Acongojado, escalo como puedo un árbol de La Plaza y me destrozo las manos. Estoy por encima de todo y de todos. Sois como hormigas. Apenas os veo. Aquí el aire es más puro, más ligero. Sólo desde lo más alto puedo evitar ahogarme -pienso-. Y veo que no es un árbol sino una enorme palmera lo que estoy cabalgando. No quiero bajar. Hay dátiles. No pienso bajar.

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