4 de febrero de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. LA IDIOSINCRACIA DE CARMINA


364 días al año Carmina se encontraba como una bala perdida, como un lucero sin vela, como un charco de agua turbia. Como una burbuja inflada en nada. Como una última ilusión. Pero el 1 de diciembre de cada año, cuando el Sol apenas se había levantado allí estaba Carmina. Vestida de luto y llanto. Ataviada de mar y arena. Portando un abrigo de lejanía y arena. Después de 67 años, 8 hijos, 1 infarto y 1 cáncer de mama, sabía lo suficiente de la vida como para reconocerse la idiosincracia que suponía su comportamiento aquel día del año. Sentada al borde de la fuente de La Plaza Real, rezó como cada año su oración, y sacó del refugio de su abrigo una aguja de plata con la que pinchó su ya hinchado dedo índice, y dejó caer una pequeña gota de sangre roja. Casi negra. Otras veces había mordido sus gordos labios hasta que soltaba su jugo. Sólo en una ocasión rascó su mejilla tanto hasta que erosionó su piel y caló hondo. Así de manera diferente todos los años. Así había planeado sus primeros de diciembre hasta que la fuente estuviese llena de un manto totalmente rojo. Casi negro. Que cada año sacaría una minúscula parte de su ser para entregársela al lugar donde mataron su última ilusión, con la esperanza de recobrar una primera oportunidad que nunca tuvo. Quizá porque nunca la pidió.

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