7 de febrero de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. EL ABISMO


Estaban a un palmo, a una ráfaga de viento de poder tocarse. A veces estaban a punto, casi casi, estiraban sus ramas ayudadas por la brisa, pero era inútil. Sólo se consolaban porque los edificios de al lado tenían el mismo problema. Un arquitecto y un jardinero egoístas, que no pensaron en que ese cielo azul que hacía de valla pudiera ser tan hermoso y tan cruel al mismo tiempo. Era la injusticia de separar a dos gemelos, o peor aún, dejarles estar en la misma habitación sin poder darse la mano. Un día se encontraron a una de las palmeras caídas en el suelo. Los más ignorantes pensaban que había sido un remolino huracanado (nada lógico en estas fechas ni en una plaza tan pequeña), otros pensaban que habían sido unos borrachos dándole patadas al tronco, pero los que conocíamos las verdaderas historias de la plaza, sabíamos que era un claro suicidio por amor. La palmera se tiró, se sacrificó por poder rozar aunque fuera unos segundos a su compañera, y luego cayó al suelo en peso muerto, acabando con su tortura. Dicen que la otra no lo soportó y acabó secándose al poco tiempo. Se murió por falta de lluvia, se murió por falta de amor.

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