8 de enero de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. LAGRIMAS DE ORO


La tenían secuestrada contra su voluntad en mitad de una fuente. Como si se tratara de una atracción de feria, como si fuera la edad media y ella una plebeya a punto de ser ejecutada ante los ojos de todo el pueblo.Haber sido la descendencia del Rey Midas no había supuesto nunca un problema para su familia. Su abuelo era capaz de convertir en oro su saliva, su padre el sudor, y ella, por desgracia, las lágrimas. Siempre habían puesto especial cuidado en no ser descubiertos para evitar cosas como esta. De un descuido un verano en el que rompieron el corazón a Mérida, la vieron llorar lágrimas de oro. La cogieron y amordazaron, e hicieron a sus ojos testigos de los peores horrores de la humanidad para que no dejaran de soltar ese zumo dorado. Guerras, hambre, mutilaciones... todo era lícito con tal de proveer de nuevo las arcas del país de oro en forma de gotas. Llegado el momento, y con los ojos secos como el puro desierto, Mérida pensó lo irónica que era la vida. No habían hecho nada nuevo con ella que no se hubiera hecho a otros. Las lágrimas siempre han sido sinónimo de lucro. Lágrimas en guerra, lágrimas por dinero, lágrimas por comida, lágrimas por petróleo... Lo que no sabían es que sin la fuente del dolor, todo el oro se convertiría en agua salada. Y cuando Mérida murió de tristeza, no quedó ni oro, ni oficio ni beneficio. Ya se lo advirtió su padre, las lágrimas, como ocurre con las guerras, nunca hay vencedores sino vencidos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.