12 de diciembre de 2013

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. OXIMORON INVISIBLE


No era culpa del cambio climático. No era culpa de la subida del nivel del mar, ni de la cada vez más creciente aproximación de la tierra a la luna. Hacía 5 años que el ser humano se había vuelto invisible. La gente seguía haciendo su vida normal. Salían a trabajar, se iban de vacaciones, veían en la televisión reposiciones de tiempos más opacos. La vida se reducía a un oxímoron constante. Estar y no estar. Instante eterno. Debían asustar a los animales salvajes que, inconscientes, se acercaban a la ciudad pensando que las habían recuperado. El ordenador era una buena manera de comunicarse entre unos y otros, pero resultaba agotador y exasperante al cabo de un rato. Solían reunirse alrededor de la fuente de la Plaza Real para reconocer quien era el que estaba a su lado, a quien habían sentido rozarles, a volver a ver a sus familias, o incluso de quien se habían enamorado. Durante años, la cola para verse reflejados en el agua rodeaba toda Barcelona y era casi una aventura llegar a ella. Hasta que un día tan aleatorio como cualquiera, el reflejo dejó de funcionar y no mostraba más que el frío cielo. Solo quedaba vivir de los recuerdos.

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