3 de diciembre de 2013

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. LA CEGUERA COLECTIVA


Con lo único con lo que se podría comparar sería con el nacimiento de animales albinos o con dos cabezas. Quizás con la existencia de los siameses. Quizás con la propia realidad de la vida. Lo cierto es que la ceguera mundial no importó a muchos al cabo de varios años. Omitimos lo obvio. Omitimos los momentos de pánico. Omitimos los gritos continuados día y noche durante meses cuando todo lo que se veía era la nada. Lo oscuro. El vacío. A medida que fue pasando el tiempo, la gente fue asumiendo su nueva condición, y se animaron a salir a la calle. Poco a poco. Principio al rellano, luego a la calle, luego al trabajo. Lo cierto es que muchos vieron esta desgracia global como un regalo a nivel mundial. El racismo desapareció, puesto que el tacto no diferenciaba la piel negra de la blanca. La gente superficial fue cosa del pasado, porque nadie supo separar las personas guapas de las feas. Con la imagen negra como única opción, el materialismo fue cosa del pasado, pues todos podían presumir de llevar las mejores marcas sin importar si era verdad o no. Al cabo de los años, la gente volvió a hacer vida normal y comenzó a ser más feliz de lo que era antes. Hasta que un día la ceguera se fue de la misma manera en la que vino. Y ante el horror de la nueva realidad, colectivamente la raza humana decidió mirar al Sol fijamente para volver al estado anterior, auto engañandose. Pero, ¿acaso ahora no estaban igual que antes de quedarse ciegos? Ya lo dice el dicho. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

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