11 de diciembre de 2013

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. LA ULTIMA TEORIA


Había sido una bofetada colectiva el último descubrimiento de Stephen Hawkings. Al igual que la teoría del bosón de Higgins, al principio todo el mundo era reacio a aceptarla, asumirla, y tener que reinterpretar leyes que ya asumíamos como dogmas inalterables y perfectos. Al fin y al cabo, lo que dolía era saber que nunca estaremos seguros al 100% de una cosa por mucho que lo creamos así, lo que nos deja un mundo absurdo y lleno de dudas. Entonces ¿cual es la finalidad de nuestra existencia, si no somos capaces de descubrir las cosas?. Hawkings había descubierto que no son las guerras, ni las epidemias, ni las enfermedades lo que acababa con el hombre. Se confirmaba la tesis que todos quisieron que nunca fuera confirmada. El amor era lo que destruye al propio hombre. Y si no, que se lo pregunten a Nietzsche, a Shakespeare, a James Blunt o al mismísimo Jesús. Así que en un ejercicio de autoprotección, cada ser humano decidió blindarse y alejarse emocionalmente los unos de los otros, con tal de vivir más años y pasar el menor tiempo posible entre los muertos. A pesar de que el dolor, era algo de los vivos.

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