16 de diciembre de 2013

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. DE CÓMO LA SOMBRA LLEGÓ A MI VIDA


Mi sombra llegó a mi vida como el invierno. Sin quererlo, sin añorarlo, y sin necesidad. Nunca había tenido la necesidad de tener sombra. ¿Cuál era el sentido de tenerla? ¿Acaso servía de algo? Una burda réplica de mi propio cuerpo con el que nunca me sentí cómodo. Un recordatorio constante de mi propia existencia ¿Cual era la necesidad de desear algo como esto? Se sentó en el asiento enfrente mío del autobús. Ahí estaba. Alta, flaca, mal pintada. Como si se hubiera maquillado a oscuras o se hubiera caído de bruces contra su estuche de pinturas. Sombra de ojos azules, labios corridos rojos. Como si una orgía de colores hubiera llegado al culmen en su cara. Sus manos temblando agarrando un móvil y llamando sin cesar a su buzón de voz. Reí por dentro y lo notó. Sentí su tristeza expirando por cada uno de sus poros. Color gris. Me acerqué y le ofrecí una chocolatina, la cual aceptó sin decir nada. Era perfecta. Fue a partir de entonces cuando mi sombra empezó a perseguirme a todas partes. Yo sin preguntar, ella sin contestar.

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